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Un matrimonio en Etiopía

Amigos de Etiopía / Un matrimonio en Etiopía

“Junto con Mónica tuvimos el proyecto que al término de mi vida laboral iríamos a África, como una forma, tal vez pretenciosa, de retribuir lo mucho que Dios nos había dado a nuestras vidas, teniendo una experiencia de amor y servicio en comunidades más necesitadas.

Fue así, como el año 2010, iniciamos la búsqueda de alguna institución que nos acogiera. En octubre de ese mismo año aparecieron en forma casi sorpresiva varios integrantes de Comunidad Misionera San Pablo Apóstol (CMSPA), de visita a Chile, entre los que se encontraban Lourdes Larruy y Saraí Zabala. Al escucharlas hablar sobre los proyectos que la comunidad tenía en Kenia y Etiopía, nos sentimos fuertemente atraídos y nos dijimos que ése era el camino a seguir, sin siquiera plantearnos cuál podría ser nuestra participación en sus proyectos.

 Nuestros hijos, familiares y amigos nos alentaron y valoraron la decisión de tener este voluntariado, aun cuando algunos de ellos eran escépticos de que realmente lo fuéramos a concretar, o bien, no entendiendo los motivos que teníamos para emprender esta aventura.

Llegamos a Addis Abeba el 1 de septiembre de 2011 y luego nos fuimos a la misión de Muketuri, donde estábamos destinados. Para nosotros fue impactante conocer una cultura milenaria, con costumbres fuertemente arraigadas, y con una religiosidad que es parte de la manera de ser de los individuos. Lo contrastábamos con Chile que, siendo un país joven, está en pleno proceso de desarrollo de su identidad.

Considerando esta condición de sociedad tan distinta y unido a las dificultades de idioma para comunicarnos con la gente local, nuestra acción se concentró en apoyar a la comunidad misionera efectuando desde actividades básicas hasta la asesoraría en aspectos de gestión y temas vinculados a la agricultura. Luego fuimos a la misión de Andode donde conocimos en detalle las labores que realizaban en el campo de la educación, salud, nutrición y agricultura.

Los casi 4 meses que permanecimos en Etiopía nos permitieron conocer en profundidad la maravillosa labor que la comunidad misionera está realizando en ese país. Entender que no son pocas ni triviales las dificultades para realizar su trabajo, desde obtener los permisos para funcionar como institución solidaria, hasta la comprensión y diálogo con la comunidad local. Pero, lo más importante para nosotros y que nos marcó para siempre, fue entender la profunda vocación de servicio de las misioneras y que la vida que estaban enfrentando era su verdadera vida, asumida como un camino que las comprometía no solo con la gente, sino con Dios. Todo el tiempo que compartimos con las misioneras nos permitió abrir nuestros corazones y llegar a conocer a las personas, lo que fue una experiencia extraordinaria.

¡Cómo no acordarnos de los interminables viajes a Andode, cuyo camino a Nkemte estaba en plena etapa de reconstrucción! Más de diez horas arriba del vehículo, apretados, pero siempre cantando y disfrutando de todas las anécdotas que nos contábamos. ¡O cuando agotados de comer “injera” descubrimos que huevo revuelto en amárico se decía “omelette”! ¡Cómo no acordarnos aquella oportunidad que estábamos visitando a la comunidad de Guimbichu, para revisar el estado de sus pozos y a media tarde nos sorprendió un temporal que dejó el vehículo enterrado en el barro!  A pesar de los intentos de Tafese, el conductor, sólo el esfuerzo de más de diez pobladores de la localidad logró sacar el vehículo del barro. Son tantas e interminables las vivencias que solo nos queda agradecer a la comunidad de misioneras por la oportunidad de compartir su vida.

Con más de sesenta años y habiendo cumplido importantes ciclos de nuestras vidas, como el formar una familia y dar término a la etapa laboral formal, nuestra experiencia en Etiopía nos ha dado una nueva perspectiva de vida. Y queremos seguir colaborando.

Seguimos comprometidos con la CMSPA, y es por eso, que junto a ellos decidimos agrupar el esfuerzo y entusiasmo de los numerosos voluntarios que han viajado a Etiopía, y constituimos en abril de 2013 una Fundación en Chile, que hemos llamado Amigos de Etiopía. Su propósito fundamental es apoyar los proyectos de las misioneras en ese país. Con esto queremos canalizar no solo las energías de quienes han tenido la maravillosa experiencia del voluntariado, sino también difundir en nuestro país la magnífica labor de la comunidad misionera, y entusiasmar a quienes quieran vivir una hermosa experiencia”.

 

Amigos de Etiopía